martes 25 de octubre de 2005, 18:14:53
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Llevamos unos cuantos días debatiendo entorno a varios aspectos de la escalada que suelen hacen correr ríos de tinta (en nuestro caso "cascadas de posts").
Hemos discutido acerca de las normas, de la ética, de que vale y que no vale, quien tiene derecho a decidir, de la libertad, etc...
Esta mañana, releyendo un libro, he vuelto a pasar por unas palabras que me parecen bastante sensatas (no quiere decir que esté completamente de acuerdo con todo el texto que transcribo), y que me gustaría compartir con vosotros, teniendo en cuenta el contexto, y la temática del libro, creo que pone sobre la mesa bastantes ingredientes de esta ensalada mental, ahora cada uno que la aliñe como le guste...espero que no os resulte demasiado tocho.
El libro es Escalada Artificial y el texto en cuestión es de Joan Casas i Salas "Jan".
En el capítulo habla de Artificial y fundamentos de ética, dice...
"...Ética
El origen de este adjetivo calificativo nos evoca el término costumbre. Podemos definir ética como la adecuación de la conducta a unas normas de comportamiento consideradas justas, y que pretenden aproximarse a una justicia objetiva. Esta definición utiliza términos que deberían ser matizados y aclarados. Hablar de "normas de comportamiento consideradas justas" requiera acotar el marco referencial para que, por lo menos, podamos argumentar. No vamos a entrar en valoraciones de lo que es justo o injusto. Está fuera de nuestro propósito reflexionar acerca de la justicia. Cuando una actividad es practicada por más de una persona, es preciso instrumentar un método que sirva de comparación. Es indiscutible que hay hombres que han realizado proezas y las han guardado en su memoria. No dudemos de que hay quienes practican excelentes actividades y, lejos de difundirlas, les basta con haberlas vivido; así, cuando el corazón se les entristece demasiado, pueden alimentarse de esos recuerdos. El recuerdo es el fármaco que mejor alivia la tristeza del espíritu. Al género humano le persiguen muchos fantasmas y, entre ellos, unos de los que luce una enorme sábana es el de la dependencia. El hombre sueña con ser independiente. Su propia naturaleza se lo impide. Nadie es ajeno a lo que sucede a su alrededor. Se puede ser más o menos dependiente, pero nadie es independiente. Las funciones independientes son un invento matemático, fruto de experimentos de laboratorio. La comparación con nuestros semejantes es un instrumento de valoración. Para que esa valoración sea fiable deben existir unos preceptos respetados y cumplidos. Si no se acuerdan unas normas, no podemos comparar, y mucho menos, valorar actividades. Hemos de ofrecer la posibilidad de estar en igualdad de condiciones para que, cuando aparezca la inevitable comparación, "nos aproximemos a una justicia objetiva". Simple no es; fácil tampoco. Lo probable es no conseguirlo, pero siempre que se intente no lo va a impedir nadie.
Normas
En cualquier deporte existe un reglamento claramente codificado; se distingue lo permitido de lo no permitido. Esto debe estar redactado lo más claramente posible; se debe huir de las ambigüedades y de las resoluciones parciales. Las normas deben abordar la mayoría de complejidades y aportar soluciones, ya sea en forma de castigos o de premios. El código debe prever situaciones anómalas y resolverlas con cristalina claridad. Hay hombre empeñados en establecer normas, redactar reglamentos, aprobar códigos de conducta, diseñar métodos para solucionar imprevistos: mentes cartesianas donde sólo hay espacio para el blanco o el negro, donde no se conciben los matices del comportamiento humano. Som hombres obstinados en encorsetar su propia existencia. Paralelamente, los hay entestados en aplicar su peculiar interpretación del trabajo de legislador. En un deporte tan reglamentado como lo es el fútbol, raras veces los aficionados resuelven de la misma forma una misma acción. En la escalada donde, por no haber, no hay previsto ni tan siquiera un código de estilo, ni una forma de actuar, no unas recomendaciones, ni tan sólo una manera de proceder, ¿cómo se nos ocurre pensar que se deberían respetar determinadas pautas?.
El error es grave. Una y otra vez caemos en el mismo error. Resulta que cada cual cree que se deberían respetar determinadas cosas, por que son las cosas que él respeta. ¡Ah! Y, ¿por qué tus valores son más válidos que los míos? Habrá quien falle a favor de tu visión de la escalada y existirá quien dictamine sentencia en contra, por no compartir tu manera de ver las cosas. El galimatías está asegurado. Los miembros de la sociedad a duras penas consiguen convivir. Para ello, poseen leyes, estatutos, normas, reglamentos, códigos civiles, un sinfín de instrumentos al servicio de la comunidad, en contra de las libertades individuales. El bien común pasa por encima del bien individual. Y, ¿qué es el bien común sino la suma del bien individual? La domesticación de las personas, en otro tiempo llamada "evangelización", pretende, por todos los medios, dominar mediante el miedo: miedo a un Dios, miedo al pecado, miedo a ser diferente, miedo a vivir la propia vida. Mediante el temor, los hombres pretenden dominar a otros hombres para conseguir sus fines. Inventan dogmas, legislan leyes que exigen sean cumplidas, para así controlar y delimitar con exactitud la actuación de la gente. Las sociedades más "civilizadas" soportan el precio de tal sofisticación con unos resultados discutibles:
- Los holandeses ostentan el terrible rédord de conformar la sociedad con el número más elevado de suicidios.
- Los paises nórdicos se anotan el número más alto de alcohólicos, a pesar de que son los países latinos los que más alcohol consumen; pero, en ellos, se asocia a la diversión, en vez de hacerlo por aburrimiento y depresión.
- La sociedad norteamericana se muestra como la más violenta del planeta. La cultura del arma de fuego se encuentra por doquier; el menosprecio por la vida humana gana posiciones de forma descontrolada.
- Los "aficionados" a deportes tan populares como el fútbol, son capaces de poner en peligro su vida y la de otros. Llegado el momento, son capaces de acometer atrocidades difíciles de justificar
Los cuerpos de seguridad del estado y todo el aparato judicial, lejos de estar al borde de desaparecer por falta de trabajo, son uno de los pilares en los que se fundamenta el estado de derecho. Es difícil calificar tanta insensatez, pero es que, simplemente, somos títeres de nuestra condición humana.
En la comunidad de escaladores no hay reglamentos escritos ni códigos articulados que debamos cumplir. Tampoco se encuentran agentes de la autoridad uniformados de verde (los hace más ecologistas). Nunca he visto árbitros en las paredes sancionando pertinentemente conductas no aceptadas. Jamás he visto a un escalador sancionado durante dos fines de semana a recoger colillas. ¿Cómo podríamos explicar a los legisladores que existe una actividad que no dispone de reglamentos escritos, ni normas, ni policía, ni sanciones, y que es practicada por una gran cantidad de seres humanos y ninguno de ellos infringe ningún precepto? No están preparados para comprenderlo. Cualquiera que no conozca, en toda su magnitud, la actividad de escalar, en cualquiera de sus disciplinas, sólo se puede conformar con entenderlo pero, en absoluto puede llegar a comprender la intensidad con la que se vive el tiempo que se invierte en escalar. La respuesta la hallamos en la esencia de la propia escalada: nadie va a obligar a nada. Haz lo que debas. Lo que hagas, debes hacerlo por y para ti. Elige un camino y síguelo. Como Alicia en el País de las Maravillas, ¿recuerdas?
-¿Qué camino debo tomar?
-¿Adónde quieres ir? Porque si no sabes adónde quieres ir, poco importa el camino que tomes.
¿Quién va a discutirte el porqué de tu decisión? Nadie. Pero no olvides que deberás vivir contigo mismo durante mucho tiempo, y vivir a disgusto con uno mismo es malvivir. Si no consigues estara a la altura de las expectativas, tu ego, tarde o temprano te va a traicionar. Cuando esto ocurra, las plegarias y todas tus lamentaciones se verán amplificadas por todo el daño que hayas cometido. Sólo tú, contigo mismo. Para bien o para mal, tú eres el responsable de tu estado de ánimo. Debes creer que puedes hacer que las cosas ocurran. Todos sabemos que aconsejar es muy fácil, pero la labor del colega que te asegura es animarte a pensar positivamente, que es distinto que frivolizar. No podemos olvidar la suerte que, en cualquier momento, puede tomar la palabra con pocos modales e impredeciblemente, pero puede, si quiere, resultar determinante. Las satisfacciones o frustaciones provendrán de tu habilidad. Y recuerda, una conciencia tranquila posee un cuerpo sano, porque su sueño es reparador. Escalar, aparte de resultar una extraña manera de pasar muchas horas, es, por encima de todo, una actividad formadora que te enseña gran cantidad de cosas:
- Te demuestra que, normalmente, las cosas no suceden de una forma ajena a tu voluntad. Tú tienes mucho que decir y hacer para conseguir el éxito o el fracaso.
- Te inculca que el esfuerzo, tarde o temprano, te recompensa con el logro.
- Ese afán de superar la línea vertical, se proyecta en tu cerebro y te adiestra para enfocarte en otras facetas de tu vida: sólo hay un camino, avanzar.
- Te obliga a tomar el control de ti mismo. Estoy hablando del miedo. Nadie nunca habla del miedo. Pareciese que nunca nadie pasa miedo. ¡Ja! ¡Ja! Si el miedo no existiera, o hubiera algún fármaco para paliarlo, probablemente nadie escalaría. La propia existencia se volvería más light.
- El error forma parte del juego. El fracaso es parte del éxito. Sabes, por experiencia, que es precioso errar mucho para acertar más bien poco.
- Bajo ese enorme ego hay una humildad tan frágil, que necesitas protegerte de los factores externos con esa máscara que sólo tú, y poco más, conocen.
- Las incontenibles ganas de vivir. ¡Locos! Si, pero,...¡locos por vivir! Los auténticos locos son aquellos que consumen la vida detrás de los culebrones, intentando vivir una vida que nunca tendrán y que intenta vivir a través de ellos porque la suya no les satisface. Precisamente ellos te llaman loco a ti. A ti, que conoces bien la diferencia entre "consumir" y "vivir" la vida.
- Hay errores que se pagan demasiado caro. Hay tres normas básicas e inquebrantables: redundancia, prudencia, y un poco más de prudencia.
- La Ley de Murphy, no sólo es un libro divertido. Es cierta. Eso, tú lo sabes bien..."
Enviado por Pekas el martes 25 de octubre de 2005
Enviado por Albertf el miércoles 26 de octubre de 2005
Enviado por Gabi el viernes 28 de octubre de 2005
Enviado por Chemi el lunes 31 de octubre de 2005
Enviado por Flx el miércoles 2 de noviembre de 2005
Enviado por Sandra Leiva el miércoles 29 de marzo de 2006
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